Llaman a la puerta, vienen por ti, te tienes que ir, y allí me quedo yo. Tumbada con tu olor en mi, esperando a que vuelvas, y ahora que no estás maquíno perversiones...
Cierro los ojos y me sumerjo en mis fantasias. Tú estás caminando por la playa, con tu pecho firme y tu mirada hambrienta. Yo tumbada en la arena, desnuda, mi piel se dora al sol cogiendo ese brillo tan especial, mis partes más intimas se empiezan a humedecer al verte venir, se te escapa la intención en la mirada.
Te tumbas a mi lado y me empiezas a acariciar suavemente el brazo, subiendo poco a poco desde la muñeca hasta mi hombro, pasando por esa parte del interior que está tan próxima al pecho. Te acercas y me besas poco a poco por el cuello, muy suavemente. El bello se me eriza, y mis pezones se están poniendo cada vez más duros. Tú, con tu bañador aún puesto, te excitas cada vez más, de forma que tu paquete se pone cada vez más y más grande.
Me empiezas a besar por el pecho, con la punta de tu lengua lames mis pezones duros y los vas rodeando y lamiendo poco a poco por fuera. Vas bajando y empiezas a besar poco a poco más y más abajo...hasta llegar al principio de mi monte de venus. Entonces te detienes. -¡ Qué mala me estas poniendo cabrón!-
Tu mano se desliza hábil y rápida desde mi pecho que ya estaba siendo agarrado antes hasta mi coño. Y me metes el dedo en la profundidad, para descubrir un pedacito tierno y jugoso que te estába esperando.
Me lo empiezas a acariciar suavemente, notando toda la humedad en mi.
Deslizandote poco a poco, me estremezco entera para ti, llegas hasta mis adentros, gimo. Me estás metiendo todo hasta el fondo mientras con el pulgar me tocas el clítoris. Dios! Cuan cachonda estoy.
Te acercas, siento tú aliento, tan cerca, humedo y caliente, me embriaga tu olor. Quiero derramarme en ti, en tu cara, en tu boca. Baja ahí, te ordeno. Y obediente me concedes mis caprichos.
Empiezas a lamer lentamente, tu boca se sacia de mi nectar, lames y chupas cada vez más vigorosamente, mi cuerpo se extremece, gimo de placer mientras agarro un puñado de arena a cada lado, si te engancho la polla cabrón te la voy a reventar, pienso.
Me tienes apunto de caramelo, me agarras por las piernas y me giras, mi culo queda enfrente de tu cara, invitandote a ser lamido.
Te acercas y empiezas a lamerme de arriba a abajo y de abajo arriba...suavemente y cada vez estoy más y más caliente. La brisa del mar acaricia mis senos, y me eriza el vello, siento como si un abrazo invisible me estuviera envolviendo.
Separas tu cara de mi, y acercas tu miembro, firme y erecto, y lo introduces en mi. Suave, te pido. Ahora me apetece que te quedes quieto, ahora me muevo yo. Tu pene entra una y otra vez, me alejo y con toda la humedad lo acerco a mi trasero, me apetece un poco de anal, me relajo y entrá entero. Me estoy poniendo cada vez más guarra.
Entra y sale, y me separo y me la meto otra vez en la vagina. Voy cambiando a cada rato, de un orificio al otro...pero todo muy suave y muy lento. Esto me está poniendo tan cachonda que no puedo más.
Me cojes el clitoris, mientras me penetras el culo....voy a correrme como sigamos así....
Tú lo sientes venir y te sincronizas conmigo, me la metes en la vagina otra vez, me tocas....gimo, gimo, gimo, aaaaahh!. Te corres. Maravilloso.
Te tumbas a mi lado y me besas, te quiero.
Este verano conocí a una persona que consiguió arrancarme de la cabeza parte de mis cohibiciones, si a eso le sumamos una relación estable con un hombre bastante más experimentado que los anteriores y una serie de sucesos llegados a mi vida en su momento justo, ¿por qué no habría yo de hablar del tema con total libertad con quien se deje? ¿Por qué no iba yo a decir lo que me viniera en gana?